Luis Ricardo Guerrero Romero

Un grupo de estudiantes de enfermería visitaba por primera vez, aquel asilo geriátrico, tenían la expectativa de salir ilustrados por el cúmulo de sabiduría, nadie les avisó que ese día, tomaría la palabra el señor Arturo Monjarás del Prado:

-Contar con 60 y tantos años no es ningún galardón, por mucho que se quiera romantizar el hecho de que está uno vivo y otros millones no, eso es sólo una desviación de lo real, en todo caso, ¿presumiríamos que los habitantes de Somalia se sienten orgullosos de que en su país no hay sobrepeso? O que, son afortunados por poder resistir más el sol con poca ropa que el resto del mundo. Les guste o no, después de esta edad, uno ya sólo tiene garantía de dignidad unos 10 años más, si se llega a los otros 20, ahora sí, comienza la agonía. Por eso, cuando tuve 20 años comencé con los ácidos y las sustancias prohibidas, por eso me cautivó el vitalismo de Niestzche, a la edad de 33, no sabía si era un varón o una mujer atrapada en un cuerpo asexuado, tuve 40 me acerqué a las religiones que pedían menos cover pero me resultó una inmundicia ver cómo lucran con la fe y ofenden la inteligencia humana. Aunque me sorprendió su máximo representante quien se adelantó al relato zombie, y cómo se aventuró a decir que se va sacrificar, sabiendo que vivirá tres días después.

En fin, yo no debería estar aquí, y creo firmemente que ninguno de ustedes debería estar aquí, no sé si vivos, no sé si en este sitio deprimente.

La otra vez don Genaro me dijo que es el mejor lugar para morir, a lo que le respondí, si toda tu familia te da la espalda, o ya no te queda nadie vivo, cualquier basurero es el mejor lugar. Cuando se envejece la fuerza de la experiencia y valor por la vida son nuestras únicas defensas para no ser olvidados, pero sólo lo sabe uno, los demás nos miran con clemencia. Supongo que cuando Sartre dijo: “El infierno son los otros”, pensó con una mente senil. Sintiendo la inmundicia de cualquier Reino.

Se dice que el Dios Jano es parte joven y parte viejo, y en las vísperas de su llegada vamos recordando la experiencia, la senectud, que es un proceso por el cual no muchos logran pasar, no todos desean llegar, y algunos pueden contar. La cosa es que como en cualquier periodo haya cosas que no nos gustan, cosas turbias, sucias, cosas que son eso, cosa y no algo significativo, a eso con seguridad le llamaremos inmundicia, sin caer en el pesimismo del relato anterior.

Pero, a qué diablos le decimos así. Hay escritos de tinte religioso que nombran inmundos a los espíritus del más allá (la ficción de antagonista necesario), hay quienes al ver a un pordiosero le adjudican tal apelativo; no obstante nosotros diremos que la palabra inmundicia es el enemigo de la pulcritud.

A partir de la voz latina: inmundus-a-um (cualidad de sucio) donde el sufijo latino itia˃ icia significa cualidad de, tal como: avaricia, malicia. Aunque tal adjetivo es compuesto también por el prefijo in– o sea: sin o privado de, ¿de qué?, de pureza o limpieza, puesto que la palabra: munditia significa: aseo, elegancia o pureza. De tal modo que, algo inmundo, es aquello que está sucio.

Por supuesto que el pasado que casi nos deja, tuvo algo sucio, en el área que gusten, y desde luego que la meta es limpiarla y ser mejores cada jornada de vida.

l.ricardogromero@gmail.com

Reloj Actual - Hora Centro de México