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Carlos Fernández-Vega
Prácticamente desde el inicio de su mandato, la presidenta Sheinbaum anunció que sumaría alrededor de 3 mil kilómetros a la red ferroviaria del país (privatizada en 1997 por Ernesto Zedillo en beneficio de los barones de siempre), con el agregado de que se rehabilitaría, de forma prioritaria, el servicio de pasajeros que de un plumazo canceló, con bombo y platillo, el propio “demócrata” (él mismo dixit) privatizador en el año citado.
Como presidenta electa, días antes de su toma de posesión, la mandataria dio a conocer que a lo largo de su sexenio sumaría dichos kilómetros, que se agregarían a lo construido por el gobierno de López Obrador, de tal suerte que sería el mayor crecimiento de la red ferroviaria desde el porfiriato. “Seguiremos construyendo, y ahora nos vamos a ir hacia el norte. Hablamos de varios proyectos en campaña y los estamos consolidando; ahora estaríamos construyendo el doble del tren de pasajeros. Uno de ellos es hacia Nuevo Laredo, ése ya lo tenemos definido, y otro es el que estamos ya trabajando para hacerlo”, dijo entonces, y detalló que de entrada serían los tramos ferrocarrileros AIFA-Pachuca, México-San Luis-Potosí-Monterrey-Nuevo Laredo y México-Querétaro-Guadalajara, con énfasis en que serán eléctricos, para lo cual “ya se analiza el derecho de vía”.
Pues bien, ayer, junto con el equipo gubernamental involucrado en esta tarea, ofreció algunos datos comparativos respecto de lo “construido” en los últimos dos sexenios neoliberales, que en la práctica no representaron mayor cosa, especialmente si se recuerda que en esta materia Zedillo prometió el oro y el moro a los mexicanos, aunque en los hechos se limitó a privatizar la red ferroviaria sin beneficio alguno para los usuarios del servicio de pasajeros. De hecho, sin más lo canceló y dejó a pie a centenas de comunidades que lo utilizaban para transportarse y/o aprovechar para vender sus productos. Además, lo que se avanzó en el primer gobierno de la 4T.
Detalló la mandataria: con Felipe Calderón en Los Pinos, se sumaron 65 kilómetros a la red ferroviaria (a razón de 10.8 kilómetros por año o, si se prefiere, poco menos de 30 metros por día, incluyendo sábados, domingos y días festivos) y 187 kilómetros con Enrique Peña Nieto (31 por año u 85 metros por día). Eso sí, de ellos ni uno solo para transporte de pasajeros. Algo más: con López Obrador se sumaron mil 736 kilómetros a dicha red, “y nosotros queremos hacer más que eso, por lo menos 2 mil 377 kilómetros públicos (proyección mínima para 2024-2030), porque no son concesionados”.
Como se ha comentado en este espacio, de 1997, año de la privatización ferrocarrilera (la deuda de Ferrocarriles Nacionales de México, íntegra, fue asumida por el Estado, para que los barones gozaran las concesiones limpias de polvo y paja), a 2018, el tendido de vía férrea a duras penas “creció” 1.1 por ciento, al pasar de 26 mil 613 kilómetros, en el primer año que se cita, a 26 mil 914 en el segundo, a razón promedio anual de 10.75 kilómetros, o si se prefiere, 29.8 metros por día (para que los barones los “administraran” en su propio beneficio). Con López Obrador, se incrementó más de mil 736 kilómetros (carga y pasajeros) y con Sheinbaum sumarán alrededor de 3 mil kilómetros adicionales, todos del sector público.
Para atender las exigencias de oscuros cuan tóxicos personajes, como Germán Larrea (quien se quedó con la rebanada más gruesa y productiva de la privatización ferrocarrilera, hoy Ferromex), Zedillo y su banda prianista de rufianes en el Congreso modificaron la Constitución y declararon al sector “no estratégico”, con lo que el Estado debió sacar las manos en su totalidad.
Eso sí, el siempre brillante Zedillo no paró por promesas (de hecho, al concluir su sexenio se fue a trabajar a una de las trasnacionales que benefició con la privatización ferrocarrilera, Union Pacific, originalmente socia de Larrea): con la entrega al capital privado, llegaría una catarata de inversión y el tendido de vías férreas se incrementaría de forma espectacular, lo que obviamente no sucedió.
Las rebanadas del pastel
Evasores fiscales como el de los abonos chiquitos tienen dos héroes: el esperpéntico Javier Milei, pues dice que aquellos que no pagan impuestos “son héroes, no delincuentes”, y Trump, que demandó (10 mil millones de dólares) al Servicio Interno de Impuestos, el organismo del Estado que a partir de ahora y por decisión del Departamento de Justicia “está para siempre impedido y excluido” de examinar o procesar las auditorías fiscales del magnate naranja, las de sus hijos y de la propia Organización Trump.
X: @cafevega





