Jaime Nava

En 1923 la Universidad Autónoma de San Luis Potosí no había cumplido ni dos meses de ostentarse como autónoma cuando el mismo Congreso que le había concedido su independencia intentó buscar la manera de inmiscuirse en la administración de los recursos que la incipiente UASLP tenía a su disposición.

El rector en turno, Dr. Juan H. Sánchez, consciente de la trascendencia que tenía para la universidad su recién adquirida autonomía designó a los abogados y catedráticos Francisco A. Noyola y Vicente Gómez Sologuren para que se pronunciaran ante la pretendida intervención de los diputados en la vida universitaria. Los abogados emitieron un documento en el cual explicaron razones jurídicas esenciales por las cuales la intentona de los diputados era “contrarias al espíritu” del decreto a través del cual se obtuvo la autonomía.

Ayer, Gerardo Gaviño Serrano y Sergio Desfassiux Cabello, ambos lamentablemente diputados, coincidieron en ubicarse históricamente del lado de los políticos oscuros y con delirios de grandeza al intentar hilvanar palabras con alguna coherencia lógica que permitiera matizar su clara intención de intervenir en asuntos que competen exclusivamente a la vida universitaria.

El ataque a la autonomía de la UASLP lo inició el egresado de la universidad de la vida, Sergio Desfassiux, quien, además de lanzar insultos personales contra el rector, aseguró que la universidad es “opaca, gris y elitista”, por eso dijo aplaudir la iniciativa propuesta, con sospechosa coincidencia, un día antes por quien oficialmente dice ser presidente de la Federación Universitaria Potosina y que consiste en consultar a los estudiantes para elegir a directores en las facultades y al rector.

“¿Quién se opone a la democracia? Es sólo cuestión de reformar un artículo para estar del otro lado”, advirtió el ex estudiante del Tecnológico de Monterrey, Serrano Gaviño, para “apoyar” la supuesta intención de “fortalecer” la democracia al interior de la UASLP. Y trató de minimizar su amenaza de reforma arguyendo que lo importante es que se transparente el destino de los 20 millones de pesos que apenas en diciembre le aprobó el Congreso a la Universidad.

El diputado que gusta de estacionar su audi en lugares prohibidos bien podría comenzar por poner el ejemplo y transparentar el nombre de las personas y los intereses que lo llevaron del absoluto anonimato político a un dudoso triunfo electoral. Basta recordar la relación del padre de éste con el “chato” deudor municipal.

¿Quién está detrás del coordinado ataque a la autonomía? ¿Qué papel juega el dizque representante de la FUP en este supuesto intento de democratización universitaria? ¿Quién trata de detener la reelección del rector? ¿Quién será el titiritero que echó a andar tan deleznable espectáculo? La reaparición en público del fracasado ex alcalde de la capital en eventos universitarios puede dar pistas del origen de los embates protagonizados por Serrano Gaviño, quien, como su empleado en el ayuntamiento, obtuvo un ingreso anual por 84 mil pesos, según lo publicó el propio diputado en su declaración de intereses.

La poca discreción con la que se han venido llevando a cabo las arremetidas en contra del rector desde el año pasado (como el rechazo a entregarle la presea Plan de San Luis por la Legislatura anterior) pone en evidencia la existencia de una persona o un grupo con el poder y las aspiraciones caciquiles suficientes para destapar y prescindir de las marionetas encargadas de hacer públicos los mensajes que, de ser vocalizados en sus desacreditadas personas, nadie atendería.

Ojalá los estudiantes de la UASLP pudieran elegir libremente tanto a sus representantes estudiantiles como a quienes finalmente integran los consejos directivos en las facultades y en la Universidad; sin embargo, la prueba más contundente de que no se está ni tantito cerca de lograr una auténtica democracia universitaria la han dado los diputados con sus intervenciones ayer, con la firma de un convenio de becas que irán a estudiantes que vivan en el distrito que le compraron sus patrocinadores y la hasta ahora imparable penetración de partidos políticos en cada proceso interno.

La historia de la autonomía en las universidades públicas del país, y en buena medida de las universidades latinoamericanas, está vinculada a procesos de tensión o conflicto para obtener, ejercer y mantener la autonomía contra los diferentes intentos de intervención de las fuerzas dominantes, por lo tanto, habría que recordarle al titiritero y a sus marionetas que precisamente los estudiantes y un rector, del mismo nombre que el actual, en la calle vencieron a sus caciques.

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