Renata Terrazas*
Esta semana he leído opiniones diversas alrededor del trabajo de Arne aus den Ruthen, City Manager de la delegación Miguel Hidalgo, quien en su intento de recuperar los espacios públicos se ha dedicado a realizar operativos sorpresa, acompañado de su celular, desde el cual transmite en vivo, vía Periscope.
Por varios meses, la gente se fue sumando a las transmisiones y parecía no haber mayor debate hasta que en días pasados el funcionario fue golpeado por las escoltas de un desconocido empresario que, a raíz de una disputa previa en la cual mostró su capacidad argumentativa, se ganó el título de #LordMeLaPelas.
El suceso levantó una diversidad de debates en donde las personas se fueron colocando en dos posturas, al parecer irreconciliables. Por un lado estaban quienes, hartos del hurto de espacios públicos y de la cada vez más intolerable situación de privilegios, apoyaban las acciones del funcionario de la Miguel Hidalgo; por el otro, quienes denunciaban la violación de los derechos de las personas que se transmitió su imagen.
De una manera bastante desafortunada, las personas parecen sumarse a una u otra postura, desacreditando por completo la otra. El debate se ha tornado en una discusión que parece no admitir matices y en la que cada quien defiende su postura, a costa de la construcción del diálogo.
Reconocemos que no somos un país democrático, hay acciones de nuestros gobernantes que nos hacen pensar que seguimos estancados en una pseudo-democracia electoral en la cual las decisiones se siguen tomando de manera autoritaria. Pero, acaso al menos ¿podemos decir que somos una sociedad democrática?
La cultura del diálogo va de la mano con la construcción de democracia. El debate público se ve disminuido cuando el objetivo de las discusiones sobre asuntos públicos es ganar el argumento, descalificar al otro o tratar de impedir la profundidad del debate al no reconocer los matices de la discusión.
En este sentido, el debate sobre las acciones del funcionario de la Miguel Hidalgo debe de servir como punto de partida sobre varios temas que hoy en día obstaculizan la construcción de ciudadanía y atentan contra el estado de derecho: la privatización del espacio público, la cultura de la ilegalidad, la corrupción e impunidad y el actuar de la función pública.
En un país donde se respeta el estado de derecho no habría necesidad de hacer una transmisión en vivo de los operativos para liberar el espacio público, la pregunta es si en México esta medida es una necesidad o podemos construir algo más.
En las transmisiones de Arne aus den Ruthen hemos visto como los propios policías no actúan como lo dicta el reglamento y no es sino hasta cuando se les comienza a grabar que desempeñan adecuadamente sus funciones.
La publicidad de los operativos ha permitido que una multiplicidad de ojos se sumen a la observancia de la actuación de la autoridad para liberar las calles y banquetas, autoridad que, cabe mencionar, pareciera que actúa a manera de justiciero dado que las instituciones no dan para hacer cumplir la ley.
Ante el cuestionamiento de su actuación por difundir la imagen de los infractores, se han sumado argumentos que van desde la protección de datos personales hasta la de presunción de inocencia. Sobre el primer punto, en efecto, transmitir en Periscope es difundir datos personales, la imagen de las personas lo es.
Si eso es violatorio de derechos es lo que se tiene que analizar con detenimiento ya que la mera difusión de datos personales no es delito, de hecho, en casos donde el interés público de conocerlos es mayor, está permitida y alentada.
Por ejemplo, en el caso de los subsidios, es obligación de la autoridad difundir el nombre de las personas que los reciben, ello, para evitar desvíos de recursos o una mala aplicación de los programas de subsidios. Es decir, ante la predisposición de las autoridad a realizar actos de corrupción sobre los programas de subsidio, se tomó esta medida.
Sobre el segundo punto, la presunción de inocencia, debe señalarse que no necesariamente debe equipararse la comisión de delitos penales con las faltas administrativas. Además, en el caso de las transmisiones vía Periscope del funcionario, la cámara graba cuando la falta está siendo cometida.
En esta misma línea, el tema del honor ante una falsa acusación dista mucho de las acciones que han sido grabadas en estos operativos. De manera particular, ¿de cuál honor hablamos cuando #LordMeLaPelas se expresa de esa forma y amenaza directamente a una persona que se encuentra cumpliendo sus funciones?
Las discusiones seguirán y es de esperarse que el debate se profundice, dotando cada vez más de elementos que nos permitan tomar decisiones sobre lo que queremos como sociedad y cómo vamos construyendo un país en donde la impunidad no tenga cabida.
En lo que esto sucede, me parece que el debate debe centrarse en la debilidad institucional para hacer cumplir la ley y si trataremos de ser más creativos en la construcción de un estado de derecho o si seguiremos tratando mediante la creación de nuevas instituciones, las cuales, quizá, esta vez nos salgan bien.
* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación




