Renata Terrazas*
Estamos en pleno siglo XXI y aún hay un enorme trecho entre las formas de hacer política y la teoría que nos indica que formamos parte de una democracia.
La distancia entre la teoría y la práctica de ejercer el poder se evidencia en diversos temas pero en ninguno como en el de la participación ciudadana, la cual continúa como agenda pendiente en el país, tanto en la creación de marcos normativos como de mecanismos que faciliten la participación de la sociedad en lo público.
Las tendencias en las formas de gobernar han sido, desde bien entrado el siglo XX, hacia la apertura e inclusión de la ciudadanía en la toma de decisiones y en la implementación de dichas decisiones. Al menos esto en la teoría.
Para México, estas tendencias parecía que se aplicaban ante la transición que vivimos en el 2000 en donde parecía que comenzaríamos a construir las bases de las nuevas formas de gobernar.
La realidad, como bien lo sabemos todos, fue muy distinta. Hoy contamos con un marco normativo más garantista de derechos y un diseño institucional capaz de vigilar el cumplimiento de las leyes. Sin embargo, seguimos a años luz de la posibilidad de establecer un estado de derecho y temas tales como la impunidad, corrupción y violaciones graves a derechos humanos continúan mostrándonos el lado perverso del quehacer político en México.
La esperanza de principios de siglo se vio brutalmente opacada por una guerra contra el narcotráfico que nos explotó en nuestras calles, escuelas y casas. Desde entonces, México se ha teñido de rojo, ya sea por los propios crímenes entre cárteles, las acciones fuera de la ley de las fuerzas armadas o la represión por parte de gobiernos cada vez más hartos de la democracia.
Hoy nos preguntamos ¿cuál es el camino? ¿Por dónde debe ser la lucha? Y de manera franca comenzamos a reconocer que el camino es poco claro, sin embargo, identificamos dos enemigos comunes, dos constantes en cada ecuación negativa en este país: la impunidad y la corrupción.
La primera es característica de un Estado poco institucionalizado con sistemas de justicia deficientes y sujetos al poder político y económico. Cada día nos enteramos de verdaderos escándalos políticos que en cualquier país democrático terminarían con la carrera de sus protagonistas, pero que en México alcanzan únicamente a indignar a unos cuantos o aparecer por un par de días en periódicos que aún se mantienen al margen de la presión de la clase política.
La transparencia y la garantía del acceso a la información pública nos han llevado a conocer un poco más lo que sucede en los gobiernos, sin embargo, estamos muy lejos de la posibilidad de caminar hacia la instauración de un sistema de rendición de cuentas donde se finquen responsabilidades ante acciones negligentes o corruptas.
Transparencia sin rendición de cuentas es cinismo y hoy estamos muy cerca de convertirnos en el país más cínico de todos, donde incluso investigaciones independientes de mecanismos internacionales arrojan evidencia sobre el pésimo actuar de las autoridades y el gobierno federal decide continuar con una política de ocultamiento de la verdad.
La impunidad es hoy en día más evidente que nunca y se encuentra vinculada a una latente corrupción que ha permeado hasta los espacios más nobles de esta sociedad.
Si bien estos dos cánceres corroen la vida de este país, nuestra clase política, con todo el cinismo posible, hizo gala de una indiferencia por la atención de esta problemática al anteponer sus propios intereses al interés general, que es combatir la corrupción.
El periodo ordinario de sesiones terminó sin que se construyeran acuerdos concretos sobre el sistema anticorrupción, la prepotencia partidista llevó a la cerrazón y a la negativa de atender una demanda ciudadana muy puntual, reflejada en las más de 600 mil firmas de apoyo a la ley 3 de 3.
La sociedad esta ávida de participar en lo público, pero los espacios cada vez se cierran más. La pregunta persiste ¿cómo abrir el espacio público? Porque ahí es donde las luchas deberán darse.
* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación





