Iván Restrepo

A dos semanas de que en Estados Unidos se celebre la votación para elegir representantes al Senado y la Cámara, hay en los programas de los dos partidos contendientes un notable ausente: el cambio climático. No extraña que los republicanos lo tengan completamente marginado en la lista de prioridades. Su líder máximo es un negacionista convencido de que el aumento de las temperaturas en el planeta es algo natural y no se debe a las acciones humanas. Y mucho menos al consumo desmedido de los hidrocarburos y el carbón, por ejemplo. Pero sí es de criticar que los demócratas lo tengan como un asunto marginal. Apenas unos cuantos candidatos ofrecen propiciar medidas para establecer un nuevo orden climático en Estados Unidos.

Los demócratas siguen debatiendo si deberían o no hablar sobre dicho tema. En algunas encuestas se señala que los votantes en los estados claves coinciden mayoritariamente en que el cambio climático es un problema, pero no lo consideran prioritario. Están más preocupados por el aumento del precio de los combustibles y los productos que conforman la canasta de consumo familiar, los cuales este octubre siguen al alza. Además, no faltan los candidatos que eluden tratar el tema para no alejar a los posibles votantes.

Así, los demócratas pasan por alto las políticas de Trump que causan el aumento de las temperaturas, lluvias intensas, incendios, sequías en áreas agropecuarias de Estadios Unidos. No olvidar que quitó todos los apoyos a los sistemas alternos para generar energía, en especial la eólica y la solar. También, redujo notablemente el apoyo financiero a los organismos dependientes de las Naciones Unidas y que trabajan en los temas relacionados con el clima.

Los demócratas olvidan por ahora que durante el mandato de Barack Obama se aprobaron las normas más estrictas para garantizar lo que se llamó “aire limpio”. Y se dieron a la Agencia de Protección Ambiental (EPA), mayores poderes para controlar las emisiones contaminantes de la industria.

Además, se prohibió explotar hidrocarburos en las áreas naturales protegidas que, además, fueron ampliadas en extensión. Y por si fuera poco, Obama se adhirió al Acuerdo de París, con lo cual Estados Unidos tomaba en serio la lucha en contra del cambio climático.

Pero una vez instalado por primera vez en la Casa Blanca, Trump retiró a su país del Acuerdo, aduciendo que le costaba demasiado a sus ciudadanos, y que el mundo se aprovechaba en todas las formas posibles de Estados Unidos. Además, echó por tierra las estrictas normas ambientales aprobadas durante la administración Obama.

De nuevo en el poder, los demócratas bajo el mandato de Joe Biden, impulsaron medidas para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Y para alentar lo que llamaron una “economía verde”, que aumentaría el empleo y el desarrollo regional. Las energías alternas, como la solar y la eólica, de nuevo tuvieron apoyo estatal. El sector automotriz tomó más en serio la producción de autos eléctricos, en buena parte para compensar la pérdida de mercados que le ocasiona China con sus diversos modelos.

Pero todo terminó cuando nuevamente Trump ocupó la Casa Blanca. Retiró a su país del Acuerdo de París, desmanteló el grupo científico que asesoraba a la EPA, nombrando a un ignorante del tema como director. Pero ya no dijo que el cambio climático era un invento de China. Mientras tanto, son evidentes en Estados Unidos los efectos de ser el generador más importante de gases de efecto invernadero, en especial los provenientes de los hidrocarburos y el carbón.

Hoy, nuestro vecino y socio comercial padece los efectos nocivos del cambio climático: calor extremo, sequía en extensas áreas, lluvias intensas, incendios forestales, ríos con menos caudal, pérdida de cosechas. En fin, lo que el resto del mundo también sufre.

Esos efectos negativos debían servir a los candidatos demócratas para buscar el respaldo ciudadano en las próximas elecciones. Algunos no lo hacen pues, al igual que muchos republicanos, reciben apoyo de las grandes empresas generadoras del cambio climático, como las petroleras y el carbón. Por eso, aún recuperando la Cámara y el Senado, el partido Demócrata no tendrá como prioridad el cambio climático, contribuyendo así a una mayor crisis ambiental en Estados Unidos.

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