- Corporativos deciden el rumbo
- Ricos cada cuatrienio más ricos
Carlos Fernández-Vega
Desde la declaración de Independencia (4 de julio de 1776) y el nacimiento de Estados Unidos, los “padres fundadores” (esclavistas y terratenientes) decidieron que la forma de gobernar sería plutocrática y se institucionalizó. Así, la “autoridad” se ha desempeñado como una “gran gerencia” facilitadora de pingües negocios para el selecto grupo del gran capital (dentro de su propio territorio, en primera instancia, y en el mundo entero, producto de su larga historia expansionista e intervencionista, poco después), cuyos representantes originalmente operaron tras bambalinas para ordenar el rumbo a sus políticos, hasta que de plano se descararon.
Lo anterior viene a colación porque en su edición de ayer La Jornada publicó la siguiente información: “La cantidad de personas con un patrimonio de al menos 100 millones de dólares que Donald Trump ha nombrado para formar parte de su administración es más de cuatro veces el total combinado de los tres presidentes anteriores, según un informe del grupo defensor de los consumidores Public Citizen. En total, 57 colaboradores en cargos de alto nivel en el Poder Ejecutivo. Basta con mirar el gabinete de Trump: ocho de sus 23 integrantes encajan en esa categoría, en particular el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y la titular de Educación, Linda McMahon, magnate de la lucha libre profesional estadunidense. Su riqueza, quizá sólo superada por su lealtad, ha sido un atributo apreciado por Trump durante su segunda presidencia”.
Algo más: “Trump, también multimillonario, ha descrito su inclinación a nombrar a ultrarricos como deferencia al éxito financiero. Sin embargo, Trump, quien debe su regreso a la Casa Blanca al apoyo de estadunidenses de ingresos medios y trabajadores atraídos por su promesa de bajar el costo de la vida, enfrenta a un electorado mucho menos entusiasmado con su manejo de la economía de cara a las elecciones de noviembre. Desde hace tiempo los presidentes han buscado el consejo de las personas más ricas del país y han recurrido a algunas de ellas para ocupar puestos administrativos de alto perfil. Del mismo modo, los presidentes suelen recompensar a partidarios ricos e influyentes con embajadas. Entre los ejemplos más notorios están los de Andrew Mellon, el magnate del aluminio, el petróleo y la banca que estuvo entre el puñado de personas más ricas del país en la década de 1920 y fue secretario del Tesoro con tres presidentes”.
Pero el proceder de Trump no es la excepción, sino la regla. A lo largo de la historia de Estados Unidos, sus gobiernos han mantenido esa dinámica, siempre con un discurso que asegura “defender al pueblo estadunidense”, cuando en los hechos lo único que hace es proteger e incentivar los intereses del gran capital, cuyos representantes siempre han estado presentes de una u otra forma en los distintos gabinetes presidenciales (de George Washington al actual inquilino de la Casa Blanca).
Por ejemplo, en las dos administraciones de George W. Bush (él mismo magnate petrolero y ex gobernador de Texas), se incorporaron a su gabinete no menos de 13 cabezas y/ o representantes de igual número de grandes corporativos estadunidenses, con el tenebroso vicepresidente Dick Cheney a la cabeza (ejecutivo en jefe de Halliburton, quien fue secretario de la Defensa con Bush padre), Colin Powell (secretario de Estado e integrante de la junta directiva de America On Line), Paul O’Neill (secretario del Tesoro y ejecutivo en jefe de Alcoa Aluminium Inc), Donald Rumsfeld (secretario de Defensa) y Condoleezza Rice (asesora de Seguridad Nacional), ambos integrantes de la junta directiva de la petrolera Chevron ( La Jornada, David Brooks y Jim Cason).
Otros corporativos con derecho de picaporte en la Casa Blanca han sido Bank of America (que colocó a su ex vicepresidenta Elaine Chao como secretaria del Trabajo), Citibank, Monsanto (Ann Veneman, directora de una sus subsidiarias, fue secretaria de Agricultura), General Motors (Andrew Card , principal cabildero de esta trasnacional, fue el jefe de asesores de la Casa Blanca. Y como éstos, muchos corporativos más, en la descarada toma de decisiones en el gobierno gringo, sin olvidar a las poderosas empresas de la industria armamentista. Y con Trump (que hace grandes negocios privados con recursos públicos) esa tendencia sólo se ha profundizado.
Las rebanadas del pastel
Triste noticia: tras 66 años de nutrir con sus libros a la sociedad mexicana, Ediciones Era decidió cerrar sus puertas. ¿Quién no recuerda que entre sus primeras grandes lecturas de contenido político, social y literario estuvieron las publicadas por esta casa?
X: @cafevega




