José Cueli

La primera huella en la pesquisa del estudio del inconsciente la encontramos en el hipnotismo, como vía principal de aproximación a éste. Al dedicar atención particular a ciertos cuadros clínicos como el sonambulismo espontáneo, la letargia, la catalepsia, la personalidad múltiple y la histeria, se generalizó un nuevo modelo de la mente humana, basado en la dualidad del siquismo consciente e inconsciente. Más tarde, éste se modificó dándole la forma de un manojo de subpersonalidades bajo la personalidad consciente.

Las nuevas teorías sobre la patogénesis de la enfermedad nerviosa, que al principio se basaron en el concepto de un fluido desconocido, se remplazaron por el concepto de energía mental. A finales del siglo XIX, surgieron los conceptos de la actividad autónoma de fragmentos escindidos de la personalidad y de la actividad mitopoética del inconsciente.

Desde 1784 hasta aproximadamente 1880, el sonambulismo artificial era el principal medio de acceso al inconsciente. Puysegúr lo denomina en un principio como “crisis perfecta”, sueño magnético o sonambulismo artificial, y en 1843, Briad Mesmer lo llama hipnotismo, nombre con el que entra en escena. Se adopta como el nuevo medio propicio para incursionar en el inconsciente originando una vigorosa polémica entre fluidista y animista. Finalmente, en el siglo XIX, el sueño mesmérico se plantea con toda seriedad.

El magnetizador hacía surgir así una vida especial en el sujeto separada de la vida consciente normal; es decir, una segunda condición de su propia continuidad, y en dependencia cada vez mayor de él. Más tarde, Messmer modificaba la técnica y utiliza el método en la Salpetriere. Algunos hipnotizadores agregaban el uso de la voz.

Durante todo el siglo XIX la hipnosis continuó siendo la vía básica de acceso al inconsciente. A principios de la década de 1850, ciertos “médiums” comenzaron no sólo a escribir bajo el dictado del espíritu, sino que, por así decirlo, prestaban su pluma a los espíritus. Algunos sicólogos como Myers y James comprendieron que la escritura automática proporcionaba una vía de acceso al inconsciente por lo que la aplicaron, dando al método el carácter de procedimiento científico.

Unos métodos fueron combinándose con otros y, en un periodo posterior, se realizaron experimentos con individuos hipnotizados a los que se les hacía escribir en forma automática y mirar en espejos. Las respuestas se bosquejaron en las nuevas escuelas de siquiatría dinámica.

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