Iván Restrepo
El pasado lunes comenzó en Ereván, la capital de Armenia, la 17 Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP17). Asisten delegaciones de casi todos los países, instituciones dependientes de Naciones Unidas, científicos y organizaciones no gubernamentales que luchan en pro de conservar la biodiversidad.
En la cumbre, que termina el viernes próximo, se evaluarán los esfuerzos mundiales destinados a proteger los ecosistemas y detener la pérdida de especies.
Como un buen augurio de que la conferencia debe lograr avances significativos, en la región centro-sur de Armenia se avistó un leopardo persa, uno de los animales más raros y amenazados del país. En paralelo, la población, en colaboración con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), logró reconstruir la población de cabras bezoar, alimento muy importante del leopardo.
Ese hallazgo ocurre cuando salvar a nuestras especies más amenazadas es tema crucial que se debate en la COP17 y cuando los científicos advierten sobre la rápida aniquilación de la vida silvestre, muy por encima de los niveles naturales.
Algunos afirman que nos encontramos a punto de una extinción masiva, debido a la superpoblación y el consumo excesivo de los seres humanos. El compromiso de proteger las especies en peligro de extinción fue uno de los 23 objetivos que los gobiernos se fijaron hace cuatro años en Montreal, pero no se están cumpliendo. Por ejemplo, numerosos gobiernos no dedican recursos suficientes a la protección de las especies.
Sobre la importancia que representa la biodiversidad en todas sus expresiones, la especialista Jennifer Collins explica en el boletín alemán DW que, desde los microorganismos del intestino humano hasta las ballenas, la biodiversidad abarca todas las formas de vida del planeta.
Cada especie cumple con una función. Por ejemplo, los ecosistemas regulan el clima, purifican el agua, mantienen el suelo y contribuyen a producir alimentos.
Collins agrega que la biodiversidad está en crisis por la presión humana sobre los ecosistemas por medio de la agricultura intensiva, la quema de combustibles fósiles y la contaminación, en especial la generada por el uso excesivo de hidrocarburos y carbón.
Ilustra lo que sucede con los datos muy concretos reunidos por el WWF: en los últimos 52 años, las poblaciones de vertebrados que son monitoreadas han caído 73 por ciento en promedio; en los ecosistemas de agua dulce, 85 por ciento. Otros estudios estiman que un millón de especies están bajo amenaza de extinción.
Por eso, la cumbre en Ereván debe llegar a acuerdos que permitan frenar en forma acelerada la pérdida de naturaleza antes de 2030. Y más cuando los avances logrados en las reuniones anteriores no se han cumplido o son insuficientes.
Lo que ya no se discute es que sin la biodiversidad, el ser humano no dispondría de la variedad de alimentos que consume. Su pérdida amenaza la producción agrícola. Y esto sucede cuando nuestro planeta ha padecido ya cinco extinciones masivas. En ellas desapareció una gran proporción de especies en un periodo geológico relativamente corto.
La conferencia en Ereván debe concluir el viernes próximo y es la primera evaluación colectiva del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022. En él se establecieron 23 metas para conservar y recuperar la naturaleza antes de 2030.
Uno de los principales compromisos consiste en proteger al menos 30 por ciento de las áreas terrestres y marinas del planeta a finales de esta década. Además, la comunidad de naciones también acordó hace cuatro años restaurar los ecosistemas degradados y reducir las actividades económicas que provocan daños ambientales.
Sin embargo, los avances han sido pocos. La mayoría de las metas fijadas muestran retrasos y las medidas adoptadas hasta hoy son insuficientes para detener el deterioro de la biodiversidad. Hay pocos avances en cuanto al financiamiento requerido. A principios de esta década se contempló movilizar 200 mil millones de dólares anuales para protegerla hasta 2030. Y aumentar el apoyo a los países en desarrollo, que tienen mayores limitaciones para cuidar sus recursos naturales. Quedó en promesa.
México sobresale a nivel mundial por su biodiversidad. Pero cada vez menos, como expondré el lunes próximo.







