Ignacio Betancourt
Hace algún tiempo escribí esta fábula que ahora presento (pienso algo tiene que decir en estos tiempos aciagos), LA TARÁNTULA Y LOS TASCALCUANES:
Un vecino tenía como mascota una enorme tarántula negra, la mantenía dentro de una caja de vidrio con arena y piedrecillas y la alimentaba con insectos diversos, grillos, cucarachas, hormigas, chapulines, que irremediablemente llegaban a la caja, con la peculiaridad de que no debían estar muertos pues las tarántulas sólo comen animales vivos. Como es de suponerse no era fácil tenerla satisfecha; pero un buen día ocurrió algo que facilitó la minuciosa tarea de conseguir su comida.
Sabiendo que mi vecino requería de alimento vivo para su mascota alguien le regaló un puñado de cucarachitas vivas, también conocidas como tascalcuanes (o Juanes), de inmediato mi vecino las llevó a la caja de vidrio donde vivía su tarántula y supo que los tascalcuanes eran del agrado del arácnido.
Días después pudo observar con gran complacencia que la buena suerte lo favorecía, pues una de las cucarachitas (también llamadas tascalcuanes o Juanes) estaba embarazada y por lo tanto su tarántula podría tener alimento fresco de manera permanente, y él se libraría de la constante y complicada búsqueda de capturar insectos vivos.
Para satisfacción de mi vecino y su mascota, los tascalcuanes comenzaron a reproducirse y las primeras semanas casi servían de alimento con gusto. Mas a través de sucesivas generaciones fueron identificando a la tarántula como un enemigo peligroso; entonces aprendieron a ocultarse y a no dejarse capturar tan fácilmente. Desde sus provisionales escondites observaban con atención y movían sus antenas.
Al paso del tiempo la abundante población de Juanes descubrió que la tarántula cambiaba de piel cada seis meses y entonces debía dejar pasar una o dos horas para que su nueva piel se endureciera, tiempo en que la mascota se volvía blanda como gelatina. Fue así que las cucarachitas descubrieron la fugaz vulnerabilidad de su devoradora.
Un buen día, para decepción de mi vecino, ya no hubo mascota pues los tascalcuanes en montón se comieron a la enrome tarántula negra, blanda como gelatina.
Moraleja: todos los seres vivientes/son capaces de aprender,/ y si ponen atención/ resuelven la situación.




