Carlos López Torres

Bien dice el dicho popular: donde menos se espera, salta la liebre. En el municipio de Santo Domingo, las educadoras y sus pequeños alumnos llevaron a cabo, como parte de su proyecto educativo, una manifestación para alertar a los pobladores sobre el riesgo que representa para las comunidades cercanas a rancho Palula el que precisamente en ese sitio se instale el confinamiento de desechos industriales al que se oponen los pobladores de esa y otras demarcaciones vecinas.

La ejemplar acción apoyada por los padres de familia, a quienes inútilmente trató de convencer el presidente municipal para que desistieran de su participación con las y los maestros que organizaron la actividad, obligó asimismo a la SEGE, dependencia que no se cansa de gritar a los cuatro vientos que el magisterio potosino es uno que se caracteriza por su buen comportamiento y resignación, a exigir a los maestros una explicación sobre la actividad extraescolar realizada.

Acaso por ello, el obediente alcalde de Santo Domingo apeló a la resignación de los padres de familia cuando en su afán de desalentar la actividad escolar programada, les argumentó que no la apoyaran ya que la firma para la operación del confinamiento estaba dada y de todas maneras se iba a construir.

La puesta en práctica del evento eminentemente educativo, según han aclarado las y los organizadores, despertó las suspicacias de los burócratas de la educación, acostumbrados a autorizar visitas de escuelas a empresas como Ricolino y otras especializadas en la fabricación de chatarra, o bien, paseos meramente recreativos.

Según el sentir de quienes tienen el firme propósito de mantener enclaustrada la educación, con el consabido verticalismo, la actividad escolar horizontal y abierta a la comunidad de Santo Domingo, nunca debió  hacerse del conocimiento público; por aquello de que el mal ejemplo cunda y otros maestros que asuman ser “agentes de cambio”, como bien afirma una de las educadoras que defiende la proyección social de su labor educativa, empiecen a plantearse abordar la grave temática económico-social que impacta el aprendizaje y las conductas de sus alumnos. ¡Ni lo mande Dios!

En estos días de represión y criminalización de los maestros democráticos y disidentes, una de las maestras no deja de percibir como un acto represor el que se les quiera limitar la actividad social, aunque convencida afirma que se llevarán a cabo más manifestaciones.

Igual reclaman los padres de familia cuando dicen estar sorprendidos con el hecho de que tenga más resonancia el caso reprobable del coyote quemado vivo en ese municipio, que el hecho de aprobar un confinamiento de residuos tóxicos que matará la flora y fauna de las empobrecidas comunidades del norte de nuestra entidad, con graves consecuencias para sus habitantes.

La unidad de padres y maestros no deja de asustar a la vieja clase política potosina, como atemorizados tienen los padres de familia chiapanecos a la dupla Peña-Nuño, cuando en su mayoría apoyan a sus maestros en el paro de labores y se niegan además a aceptar a los sustitutos que manden los burócratas del gobierno.

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