Bernardo Bátiz V.

Cumplir 15 años es un acontecimiento importante; se entiende que es el paso de la adolescencia a la juventud; generalmente lo celebran las jóvenes de todos los estratos sociales con una fiesta, con música, baile, vestido largo y chambelanes.

Hoy no se trata de una de esas fiestas tan populares, ahora me refiero a los 15 años de un movimiento que se convirtió en partido político, el que hace unos días cumplió los tres lustros de haber sido fundado y reconocido formalmente. Me refiero al Movimiento de Regeneración Nacional que con ese motivo además de reunir en el Auditorio Nacional a una gran multitud, reconoció a sus fundadores y entregó constancias y diplomas, se pronunciaron discursos recordando al fundador (AMLO) y también se mencionaron los avances del partido.

La celebración, reitero, fue en el Auditorio Nacional, hubo una gran concurrencia, sin lugares vacíos y con un presidium integrado por dos filas de fundadores y dirigentes (varios de ellos de la tercera edad o ya de la cuarta). Durante la ceremonia, se habló de los primeros pasos del partido, de cómo en 2018 su principal impulsor y dirigente llegó a ser el presidente de la República, pero también y en forma destacada, de los esfuerzos primeros y de lo logrado en los últimos tiempos.

Recordamos que no fue fácil; los grupos, movimientos y ciudadanos que nos incorporamos a Morena somos de comunidades, de oficios o profesiones diversas, de criterios distintos, orígenes diversos, cualidades diferentes; pero sí, parte del pueblo heterogéneo. La principal aportación vino del Partido de la Revolución Democrática, pero también llegaron personas sin partido y de movimientos cívicos, ciudadanos convencidos de que los gobiernos deben ser democráticos, de la necesidad de justicia social, de no mentir, no robar y no traicionar ni a otros ni entre nosotros. Muchos militamos alguna vez en otros partidos y llegaron también personas sin partido, de movimientos cívicos diversos; de creencias distintas: católicos, agnósticos, “hermanos separados”, escépticos, ateos, indiferentes o piadosos.

Encontramos obstáculos y algunas diferencias, pero queremos a México y creemos en la política; no somos ingenuos, pero coincidimos en que el cambio debía ser por la vía pacífica, en que confiamos en la democracia y de ninguna manera aceptamos dictaduras, oligarquías o demagogia. Sabemos que el problema no es sólo político, se requiere una mejor distribución de la riqueza, educación pública gratuita y para todos, seguridad y lograr que se terminen para siempre las “comaladas de millonarios” que producían los sexenios de la época del PRI, del PAN, del Prian, es decir, de la época conocida como el “neoliberalismo”.

Nos reconocen y nos reconocemos como quienes hemos logrado la Cuarta Transformación, la última hasta ahora, que tiene sus raíces en las anteriores; también observamos diferencias bien marcadas, entre aquellas y la Cuarta; la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana se lograron con violencia, cruentas guerras entre hermanos; la guerra de Independencia que se inició en 1810, entre batallas y fusilamientos, terminó hasta 1827; la Reforma provocó primero la guerra de tres años, después la intervención francesa costó muchas vidas y mucha destrucción; la Revolución Mexicana, que se inició con el levantamiento del 20 de noviembre de 1910 contra la tiranía de Porfirio Díaz, tuvo que continuar porque si bien el viejo caudillo se exilió en Europa, tomó las riendas otro peor: Victoriano Huerta, soldadón asesino, arbitrario y sin ninguna capacidad política, que al fin fue derrotado por el pueblo armado.

Para algunos, la celebración de estos 15 años pasó desapercibida, pero es un acontecimiento importante; se consolidó un cambio que parecía imposible; además, por primera vez el cambio sucedió sin odios ni rencores profundos, sin fusilamientos, sin asesinatos, sin persecuciones “sin ni siquiera un vidrio roto”. El viejo régimen fue derrotado pacífica y democráticamente.

Los primeros caudillos de la Independencia Hidalgo, Morelos y Allende, fueron fusilados; la Reforma se consolidó con el largo sitio de Querétaro y con los fusilamientos de Miramón, Mejía y Maximiliano. En la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, de los hermanos Casasola, podemos ver docenas de fotografías de la época de fusilamientos y asesinatos.

Parece, al menos para mí, que la Cuarta Transformación no es solamente una más de las transformaciones; no sólo es, en mi opinión algo profundo y arraigado en la conciencia popular y notable y digno de ser destacado, se logró sin derramamiento de sangre, sin enfrentamientos violentos; las armas que se usaron fueron concentraciones ciudadanas pacíficas en todo el país, algunas multitudinarias en el Zócalo. Conciencia cívica manifestada en las urnas y ahora lo más importante, para lograr otros 15 años: Morena no debe ser por ningún motivo un “partido oficial”, debe enterrar para siempre las costumbres del pasado y cumplir con sus principios.

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