Carlos López Torres
Aunque al abordar el ancestral rezago en materia de ingresos que afecta desde siempre a las y los asalariados potosinos, Paula Hernández, directora del programa Prospera de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), al reconocer la entidad como una que en generación de empleos va a la alza, planteó, casi aseguró, que ello terminaría con el añoso rezago de la pobreza.
Por su parte, Manuel Lozano Nieto, secretario de Trabajo del gobierno del estado, lamentó que en la región Huasteca se paguen salarios de miseria de 500 a 600 pesos por semana a los empleados, cuando en la capital los trabajadores perciban sueldos tres veces más que los explotados huastecos.
El mismo funcionario reconoció asimismo que es la zona Media la que mayor índice de desempleo tiene; lo cual coincide con el diagnóstico de la funcionaria de la Sedesol, quien asegura que en materia de seguridad social hace falta la creación de más fuentes de empleo y abatir la informalidad en la que viven muchos trabajadores potosinos.
Bajos salarios y falta de empleo son algunos de los rezagos que se pretenden abatir para prosperar juntos, dicen los funcionarios neoliberales que no atinan a cumplir mínimamente sus promesas de campaña, no obstante la inversión extranjera que empieza a escasear, y que, en el mejor de los casos, poco impacta en la expansión interna sin que el efecto multiplicador en la generación de empleos, de ingresos y sobre todo en la inversión interna sea lo suficientemente grande como se pretende hacernos creer a propósito de la publicitada panacea en que se quiere convertir la llegada de las armadoras de autos a la entidad.
Como si los otros rezagos, el educativo, el de la salud, el de la alimentación y la vivienda, no estuvieran relacionados con el de los salarios y la precariedad laboral, la inseguridad a la que no se le quiere dar la importancia debida y la corrupción abierta o simulada en la entidad, son factores que determinan en buena medida las condiciones de pobreza y marginación de la mayoría de los potosinos.
La tendencia a despojar de sus tierras y el agua a buena parte de las comunidades huastecas, para dar paso a la explotación devastadora del bosque con las consecuencias derivadas del deterioro del medio ambiente, pareciera ser la única oferta que el proverbial centralismo económico del gobierno del estado deja a los más pobres del estado.
Las inversión extranjera, en la industria automotriz, la minera o la de extracción de gas, no sólo no abate el rezago salarial como lo demuestran los bajos sueldos de esas empresas instaladas en territorio potosino, sino trae aparejados problemas que tienen que ver con el crecimiento urbano desordenado, el abatimiento de servicios básicos como el agua, la inseguridad y la criminalidad que no cesa con su cauda de asesinatos, desapariciones, secuestros y el aumento en el consumo de drogas. Ese es el progreso que se ofrece en medio de los recortes al presupuesto y el aumento de la gasolina, con sus inevitables efectos inflacionarios que impactarán más aún los ingresos de todos.




