Ignacio Betancourt
Desde que llegaron los panistas y regresó el PRI a la presidencia de la República (2000-2017) se incrementó de manera brutal la entrega de concesiones mineras (un aumento de 70 por ciento, de 32.6 millones de hectáreas a 52.8), una cuarta parte del territorio nacional a empresas trasnacionales mayoritariamente canadienses. El muy mentado suelo patrio está siendo entregado a los empresarios mineros extranjeros (y a sus prestanombres locales) incrementando despiadadamente la contaminación de tierras y aguas, matando a cientos de miles de animales en cada región donde se instalan y destruyendo el tejido social de las poblaciones afectadas; todo ser vivo es irremisiblemente dañado con el pretexto del “desarrollo económico”, que a fin de cuentas sólo ha significado un incremento de 32 centésimos (ni un miserable uno por ciento) en los ingresos gubernamentales y una ridícula aportación al Producto Interno Bruto del país de sólo 90 centésimos. La aportación en materia laboral también ha sido deplorable pues los depredadores nacionales y extranjeros (tal caracterización cada día resulta más inoperante cuando la única patria que conciben los más voraces es el dinero) solamente han contribuido en la población económicamente activa con 21 centésimas de punto. A más de quinientos años, aún predomina el insultante canje de oro por cuentas de vidrio, ahora con la abierta complicidad del gobierno federal y sus bandas de mafiosos por todo el país.
Ya desde los años sesenta lo advertía uno de los pocos priístas honorables, el ex presidente Lázaro Cárdenas (1895-1970) quien denunció: “Más grave aún que la penetración del capital norteamericano [aún no aparecían las mineras canadienses], es la inevitable consecuencia de que para consolidar su posición [los depredadores] extienden su influencia, como la mala hierba, hasta los centros e instituciones de cultura superior, pugnando por orientar en su servicio la enseñanza y la investigación”. Como actualmente ocurre con la instrumentalización de la educación de todos los niveles al servicio del llamado gran capital. Bien señalaba el filósofo alemán Walter Benjamin (1892-1940) en la octava de las tesis sobre el concepto de la historia: El asombro ante el hecho de que las cosas que vivimos sean aún posibles en el siglo XX no tiene nada de filosófico. No está al comienzo de ningún conocimiento, a no ser el de que la idea de la historia de la cual proviene ya no puede sostenerse.
Para concluir por este viernes cito el fragmento de un poema del peruano César Vallejo (1892-1938): Los mineros salieron de la mina/ remontando sus ruinas venideras,/ fajaron su salud con estampidos/ y, elaborando su función mental,/ cerraron con sus voces/ el socavón, en forma de síntoma profundo(…)





