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Carlos Fernández-Vega

Salvaje y supremacista, como acostumbra, Donald Trump tomó el micrófono en la Torre de Babel de la “diplomacia” (algunos la conocen como Asamblea General de la ONU) sólo para auto elogiarse y repartir golpes a diestra y siniestra, entre ellos uno directo a México, por ser, según dijo, “epicentro de la violencia de los cárteles del narcotráfico, pues el gobierno mexicano ha cedido el control de su territorio a los grupos criminales”.

No satisfecho, dijo que “es inaceptable para Estados Unidos compartir una frontera de 3 mil kilómetros con un territorio dominado por los cárteles. México tiene que retomar el control de su terreno ante los enemigos de la humanidad”. Eso sí, no desperdició la oportunidad para celebrar sus “éxitos sin precedente” en el “combate” a las drogas.

Después del garrotazo, llegó la zanahoria: “Me enorgullece decirles que tenemos una muy buena relación con el gobierno mexicano. Hemos dado grandes pasos, muy grandes. Ellos tampoco quieren a los cárteles. Cuando llegue ese día, toda la región será un lugar mejor, más seguro y bello dónde vivir y prosperar”. Orondo, se retiró de la tribuna sin decir una sola palabra de que Estados Unidos ocupa el primer puesto mundial en consumo de enervantes y principal centro de lavado del dinero del narcotráfico.

La respuesta mexicana no tardó en llegar. En la mañanera de ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum reviró: “Yo podría decir: ‘es muy difícil vivir junto a un país que tiene un nivel tan alto de consumo de drogas ilícitas’ o podría decir: ‘es muy difícil vivir junto a un país que tiene tanta producción de armas’. Pero no lo voy a decir, no lo voy a decir, porque tenemos buena relación con el presidente Trump y el gobierno de Estados Unidos; estamos trabajando de manera coordinada y vamos avanzando”.

La mandataria reseñó que en el vecino del norte ya están cercanas las elecciones intermedias (3 de noviembre), “y muchas veces, y no sólo Trump, sino muchos presidentes, senadores, congresistas, a veces usan a México en sus campañas. Y como hemos dicho: mejor fíjense en los problemas de Estados Unidos y nosotros nos fijamos en los problemas de México. Colaboramos en donde tengamos que colaborar, pero respetando nuestra soberanía”. Recordó que en la reciente visita del secretario de Seguridad estadunidense planteó que “los cárteles en México están fuera de control”. Pero Sheinbaum le contestó que eso “es falso, porque hay Estado mexicano. Y al frente de las instituciones del Estado mexicano hay hombres y mujeres de valentía extraordinaria y muy preparados; si hubiera algún vínculo con algún grupo criminal, no tendríamos los resultados que tenemos, sería imposible. Entonces, tampoco se trata de entrar en discusión todo el tiempo con el presidente Trump!

Por cierto, ahora que el cavernícola de la Casa Blanca presume “éxitos sin precedente” en lo que él llama “combate” a las drogas, vale retomar algunos pasajes de una información publicada tiempo atrás por La Jornada (Dora Villanueva): “Los recursos que Estados Unidos gasta en atacar el suministro de drogas ilícitas ‘palidece’ en comparación con la dimensión del mercado de narcóticos en ese país, reporta un documento del Senado estadunidense sobre el control internacional de estupefacientes”.

Algo más: “menguar el suministro y flujo de esas sustancias absorbe 17 mil 400 millones de dólares para un mercado con valor de 150 mil millones de dólares sólo en ese territorio, pero que a escala mundial alcanza 652 mil millones de dólares, detalla. Lo anterior significa que lo que Estados Unidos destina para eliminar el mercado de las drogas equivale a sólo 11.6 por ciento de lo que vale en ese país, y a sólo 2.6 por ciento de lo que generan los estupefacientes en el mundo”.

Y los “éxitos sin precedente” se traducen en que uno de cada cuatro estadunidenses consume droga, en sus diferentes presentaciones. Entonces, la “guerra contra las drogas” de Trump tiene el mismo balance que la de Nixon y Reagan: mucha lengua, cero resultados.

Las rebanadas del pastel

Ernesto Zedillo, el “demócrata” (Krauze-Aguilar Camín dixit) y Guillermo Ortiz Martínez, quien “rescató” a los banqueros vía Fobaproa, se dicen “muy preocupados” por el gasto social que beneficia a millones de mexicanos, pero ni pío dicen sobre las suculentas pensiones que reciben del Banco de México: el primero (con sólo nueve años de trabajo en esa institución), 150 mil pesos mensuales; el segundo (11 años), 330 mil. Y no hay que olvidar que ambos fueron, en 1997, los que ordenaron, operaron y llevaron a la práctica la privatización del sistema pensionario mexicano. Cínicos.

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