Federico Anaya Gallardo

VILLA. El Centauro del Norte está en los recuerdos familiares de mis abuelos Gallardo y Flores. El periodista Emigdio Gallardo Medina lo recordaba como heraldo justiciero, la profesora Dolores Flores de la Fuente como el destructor de la tienda familiar en San Buenaventura. Otros Flores, pero de otro jardín, la familia de mi nana María Flores Guijarro, tenían en casa de don Federico Flores –el papá de mi nana– un altar con el general Villa de sarakof, rodeado de flores y veladoras.

Mi Nana Mary, que nació en 1925, recordaba la Revolución a través de los ojos de su madre Bernarda Guijarro Rodela. Bernarda sufrió muy amargamente el asalto orozquista a San Juan de Guadalupe, su pueblo. Luego debió emigrar con su primer marido a los altos hornos en Monclova, adonde se fueron caminando desde la sierra del Aguanaval. El primer hijito de Bernarda, aún de brazos, se quedó en aquellos desiertos. Para esos pobres entre los pobres Villa era el salvador de la gente más humilde.

Pero cuando, en los 1980, yo regresaba de Ciudad Universitaria y le hablaba a Mary de Revolución, ella me contestaba: “—Hoy las trojes están vacías”. Quería decir que, aunque ahora llegase otra vez Villa, no habría nada que repartir a Los de Abajo.

CÁRDENAS, Senior. Mi Nana Mary recordaba que siendo ella una niña adolescente, allá entre 1936 y 1940 el general presidente Lázaro Cárdenas llegó varias veces a San Juan de Guadalupe, en la sierra del Aguanaval. Ella tenía un bello recuerdo de esas visitas y de los bailes que le organizaron al general. Alguna vez a ella le tocó bailar con el presidente. Todo lo anterior, en medio de El Reparto en La Comarca Lagunera. (La foto que agrego a este texto bien podría mostrar a mi Nana niña, en Estación Simón, recibiendo al general…)

Aquellos recuerdos eran junto-con-pegado de las memorias villistas de mi Nana: el cardenismo era construir juntos un mundo nuevo. Era llenar las trojes. Eran trojes de todos y de todas.

CÁRDENAS, Junior. En el otoño de 1987, cuando el PRI terminó de traicionar sus raíces nacional-revolucionarias, la Corriente Democrática abandonó el viejo partido. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fue recibido por los viejos partidos satélites, el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y el Popular Socialista (PPS). El PARM proclamó a Cárdenas su candidato en el auditorio anexo al Cine México, en la esquina de Doctor Velasco y Avenida Cuauhtémoc. Luego salieron en marcha, por Álvaro Obregón, hacia la sede nacional del PPS. Yo estaba en casa de mis padres y vi venir la comitiva desde nuestro balcón. Llamé a mi Nana Mary. Ella se acercó curiosa. Mientras pasaban los neo-cardenistas me dijo: “—No se parece en nada al padre. Míralo, lo llevan como a un palo” y regresó al recuerdo de los bailes en San Juan. Pese a eso, Mary votó por el Ingeniero. Porque al fin de cuentas, era el hijo del general. Ella tenía 63 años.

ANDRÉS MANUEL. A mi Nana Mary, que ya tenía 78 años, allá por 2003 la llevaba yo a pasear por el Periférico para ver cómo se construían los segundos pisos. Aprovechábamos para comprar su mandado –usando su tarjeta de Adulta Mayor. Ella me decía: “—Ese Andrés no entiende. La gente es ingrata. Todo mundo lo critica, pura cacallaca, pura queja por esta construcción. Pero cuando la termine, ya verás. ¡Todos van andar tingo-lilingos por allá arriba… y nadie le va a agradecer!” Así llegamos a 2006 y así vivimos el fraude y la derrota.

Pero no incendiamos nada –como el campesino indígena indignado de Un paseo en la Alameda de Rivera que te conté la semana pasada, lectora. Mi Nana Mary regresó a La Laguna en 2012 cuando tenía 87 años. En 2018, cuando llegó el triunfo, la viejita de 93 me dijo: “—A ver si ahora ya se sosiega el Andrés, ahora que ganó”.

Por supuesto que Andrés no se sosegó: había mucho qué hacer.

Mary murió en 2019 antes de cumplir los 94. Creo que estaba satisfecha de lo que estábamos haciendo los obradoristas. Y hoy, que aún quedan mil cosas que hacer, seguro que estaría aquí, realista y dura, pero dando ánimos.

La gente es realista. Cuando se plantean grandes cambios en el sistema económico, preguntar si las trojes están llenas es muy razonable. Cuando analistas como Zepeda Patterson nos dicen que AMLO logró reducir el número de pobres y disminuir la desigualdad sin quitarle a Los de Arriba me queda claro que las trojes de nuestro México estaban llenas pero su contenido se repartía mal. Por eso el incremento de los salarios y la liberación de los sindicatos no afectaron la estabilidad macroeconómica.

Otro tanto podemos decir cuando aumentamos los ingresos fiscales sin incrementar los impuestos. Las trojes de los ricos tenían dentro miles de millones que debían estar en el Tesoro Público –financiando obras que hoy Todomundo critica con mil cacallacas, pero que mañana ese mismo Todomundo va andar tingo-lilingo, paseándose por los trenes para arriba y abajo del Istmo tehuano y la Península yucateca.

Ya no tuve oportunidad de preguntarle a mi Nana Mary qué le parecían Las Mañaneras. Supongo que le habría gustado oírlas todos los días. Era una fiel seguidora de comentaristas de radio como Nino Canún, así que no le habría parecido mal escuchar al presidente diario. Pero en sus últimos meses ella había perdido el oído. Me pregunto qué habría dicho Mary de la última idea de poner canciones en La Mañanera. ¿Le habría gustado? Ella prefería al Cárdenas bailador que al Cárdenas serio; pero se tomaba muy en serio aquello de las “altas investiduras”. (Recuerdo su duelo seriesísimo cuando se murió López Mateos en 1969.) Así que no estoy seguro.

De algo me sirve el recuerdo de esa ciudadana de San Juan de Guadalupe que fue María Flores Guijarro, criada a orillas del Aguanaval en La Comarca Lagunera. Los ojos de Los de Abajo ven cosas que la gente leída y escribida se pierde. Cosas que la intelectualidad no capta. Por eso siempre hay que estar atentos y escuchar todas las voces. Ver si las trojes están llenas. Ver si el candidato es de palo o alegre. Preguntarse y repreguntarse si las críticas son razonables y justas.

agallardof@hotmail.com

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