- Arropado por Trump
- ¿Netanyahu a La Haya?
Carlos Fernández-Vega
Como dicta la tradición delictiva del clan familiar, tras su estrepitosa derrota electoral del pasado domingo, Flavio Bolsonaro no aguantó más de 24 horas para huir de Brasil –de forma ilegal, desde luego, sin visa, con pasaporte cancelado y tras de sí un interminable catálogo de causas judiciales– con rumbo a Estados Unidos para recibir el manto protector de Donald Trump, su titiritero, quien, generoso, de inmediato le concedió permiso de entrada y “asilo político”. En su momento así lo hicieron su padre Jair –hoy preso por golpista– y su hermano Eduardo. Y qué mejor refugio para el ex candidato que Florida, la gran cueva de bandidos de la ultraderecha latinoamericana.
Ayer, desde muy temprano, circuló la noticia de que Flavio “pasó a la clandestinidad” y fue a la frontera brasileño-paraguayo-argentina (Puerto Iguazú, sin control migratorio, por cortesía de Javier Milei, otro impresentable que apoyó al prófugo de la justicia carioca), donde ilegalmente abordó un avión rumbo a Florida (aterrizó en el aeropuerto de Fort Lauderdale, de acuerdo con la información disponible). ¡Y a vivir la vida loca y gozar de los dineros mal habidos! Atrás dejó tirados a sus votantes, a quienes ni ahí se ven les dijo.
Desde antes de los comicios del pasado domingo, Eduardo Bolsonaro –“diputado en el exilo”, condenado a cuatro años de cárcel y hermano del otro prófugo de la justicia– instó a Flavio para que huyera de Brasil lo más rápido posible si el resultado electoral no le favorecía, de tal suerte que la derrota no sólo estaba en su perspectiva, sino que desde entonces la fuga estaba organizada y la apuró, especialmente a raíz de que desde temprana hora del lunes el Tribunal Supremo Federal, por medio del juez Alexandre de Moraes, prohibió a Flavio abandonar Brasil y le canceló su pasaporte. De todas maneras, ilegalmente subió al avión y ahora está en Florida, por lo cual la autoridad debe investigar quiénes participaron en el operativo tanto del lado brasileño como del argentino (de este no hay mucho que esperar, porque todo apunta a la complicidad de Javier Milei), sin olvidar al director de la orquesta, Marco Rubio, en otra acción de abierta violación de la soberanía de terceros países.
Ya que, junto con su familia, Flavio viajó a Estados Unidos sin pasaporte ni visa (léase ilegalmente), habrá que ver si el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (el grupo de matones conocido como ICE) lo detiene y envía a esas prisiones inhumanas habilitadas para los migrantes indocumentados. No será así, desde luego, porque el ex candidato cuenta con la protección de la Casa Blanca. De hecho, circula versión de que Trump y su pandilla lo “reconocerían” como una suerte de “presidente de Brasil en el exilio”, prófugo de la democracia, en la dinámica del culebrón venezolano, es decir, de los hampones en fuga Juan Guaidó –residente en Miami– y Edmundo González Urrutia –vive en Madrid–, junto a sus titiritera María Corina Machado, que retornó a su país natal sólo para hacer otro ridículo, en el entendido de que Delcy Rodríguez ya le quitó el puesto.
Con el triunfo de Lula, Trump y su pandilla perdieron Brasil, su añorada joya de la corona en el tablero de títeres sudamericanos; con la caída del genocida Benjamín Netanyahu perderá a su titiritero sionista, aunque es claro que sin este asesino en el poder la balanza no se moverá, porque todos los candidatos son igual de salvajes que él; y con su propia derrota en la elección intermedia del 3 de noviembre el magnate naranja recibiría una fuerte patada en el culo, con la esperanza de que termine en prisión (al igual que el sionista) por la cantidad de ilícitos por él cometidos en lo que va de su “gobierno”. Y de postre, caída de los “gobiernos” que impuso en su “patio trasero”.
Entonces, tan organizada estaba la fuga, que la ultraderechista Conferencia de Acción Política Conservadora (“retiro y gala del círculo CPAC”, cuyos participantes deben pagar entre 95 mil y 2 mil 500 dólares por cubierto, según gusto y bolsillo) anuncia desde ya que en su próxima reunión (en Mar a Lago, propiedad de Trump, 4 de noviembre) serán oradores los impresentables hermanos Flavio y Eduardo, fascistas prófugos de la justicia.
Las rebanadas del pastel
Tras las elecciones en Israel, parece que se abrió la puerta para que el genocida Benjamín Netanyahu se vaya mucho a La Haya, sede de la Corte Penal Internacional (ahí lo esperan desde 2024), para ser procesado por crímenes de guerra y de lesa humanidad contra el pueblo palestino. Los votos de los árabes-israelíes son decisivos para que no quede impune. Lamentablemente, otro genocida ocupará el cargo.
X: @cafevega



