- Gana 51.75 contra 48.25
- Se le apesta a Trump
Carlos Fernández-Vega
La segunda vuelta electoral en Brasil registró una mayor participación ciudadana que en la primera, pero como en ésta fue notoria la descarada intervención de Donald Trump y sus halcones (con Marco rubio a la cabeza, sin dejar de lado a los magnates de la tecnología, como Mark Zuckerberg), más sus incondicionales en el Poder Judicial, la Iglesia evangélica y los empresarios ultraderechistas (especialmente los del transporte) que operaron a favor del junior fascista Flávio Bolsonaro.
Trump impuso –ilegalmente– a sus títeres en toda América del Sur (como Javier Milei, José Antonio Kast, Rodrigo Paz, Daniel Noboa y Abelardo de la Espriella), utilizando para ello todas las maniobras sucias que acostumbre. Pero Brasil era la gran ficha, la principal, la joya de la corona, que faltaba en su tablero. Y Lula le estorbaba en grado sumo, por lo que ordenó acabar con él sin importar los medios utilizables (por cierto, toda apunta a que en las próximas elecciones intermedias (3 de noviembre) en Estados Unidos el gran perdedor será Donald Trump, el que mete la mano en todas partes, viola la soberanía de quien se le pegue la gana y agrede sin más a la comunidad de naciones. Es una oportunidad histórica para dar una patada en el culo a este ser asqueroso y a toda su pandilla).
De cualquier suerte, al Hitler de la Casa Blanca se le apestó la intentona, pues el “estorbo” –en realidad un gran líder político brasileño, latinoamericano y mundial– dio vuelta a los resultados negativos de la primera ronda electoral y los convirtió en positivos en la segunda para lograr la relección, de tal suerte que surge como el ganador de los comicios presidenciales luego de una gran campaña para revertir el original resultado negativo, lo que también es una marca por convertirse en el primer candidato en la historia democrática de Brasil que de perder en la primer vuelta resulta ganador en la segunda.
Con el triunfo de Lula, Brasil evitó caer en el fascismo que representa el títere Flávio Bolsonaro y fortaleza la política social que en beneficio de los brasileños impulsa, aunque con todo y triunfo electoral sin duda será difícil gobernar con las cada día más fuertes presiones estadunidenses y, a su servicio, la ultraderecha brasileña que controla el Poder Legislativo, buena parte del Judicial y en permanente campaña en contra del candidato ganador y a favor de los intereses del imperialismo.
Por cierto, entre las guarradas de Flávio y su pandilla, orillaron a que el magistrado del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Cristiano Zanin, ordenara ayer que se ampliara dos horas el horario de votación de la segunda vuelta de las elecciones, atendiendo una solicitud de la campaña de Lula. “Considerando la gravedad de los hechos denunciados, de los cuales el Tribunal Supremo tuvo conocimiento y dada la evidente urgencia de la medida, ordeno una prórroga de dos horas (hasta las 19 horas, tiempo de Brasilia) del plazo para la recepción de votos en todos los centros de votación de Brasil”. Y esa decisión se dio tras el boicot de los empresarios del transporte que descaradamente violaron la ley electoral, con el fin de inmovilizar a millones de votantes, la mayoría de ellos favorables a Lula.
Ya con el cien por ciento de los votos contabilizados, el resultado de ayer fue el siguiente: para Lula, 51.75 por ciento de los sufragios y para el fascista Bolsonaro, 48.25 por ciento; es decir, una diferencia de 3.5 puntos porcentuales equivalentes a entre 3 y 3 millones y medio de votos de diferencia, aproximadamente, de tal forma que el ex líder sindical y actual presidente de Brasil está listo para iniciar su cuarto periodo constitucional consecutivo, reiterando que su país “no es el patio trasero de nadie”.
Flávio Bolsonaro fue derrotado –con todo lo que está atrás, por ser él sólo la cara visible– y junto a él las ambiciones ultraderechistas estadunidenses de convertir a Brasil en otra de sus mercancías latinoamericanas (como lo ha hecho con el resto de las naciones sudamericanas y una que otra centroamericana) que maneja a su capricho y conveniencia. Entonces, felicidades a Lula y a su vigorosa campaña electoral, pero sobre todo a los brasileños y su deseo de permanecer soberanos.
Las rebanadas del pastel
Decía que no, que de ninguna manera, pero no soportó la realidad y ayer Guadalupe Taddei anunció su renuncia como consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral, que oficialmente presentará hoy ante la Cámara de Diputados. Los buitres Lorenzo Córdoba y Luis Carlos Ugalde –con todo lo que representan– afilan las garras en su intento por recuperar el botín. Si los dejan pasar, claro está.
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